La granada destaca entre los alimentos funcionales por contener un compuesto único y especialmente efectivo sobre nuestra salud: la punicalagina. Se trata de un polifenol hidrosoluble presente en la pulpa, el zumo de la fruta y sobre todo en la corteza y en la piel. La punicalagina es responsable de una gran parte de la capacidad antioxidante de la granada y ha sido objeto de revisiones científicas por su potencial antiinflamatorio, cardioprotector y antitumoral, además de presentar efectos beneficiosos en aspectos tan dispares como el desgaste muscular, la disfunción eréctil (1), la obesidad (2), la diabetes (3), o la función cognitiva donde actúa sobre el denominado estrés oxidativo, entre otros.
Así, por ejemplo, el cerebro, ha demostrado ser extremadamente susceptible al daño oxidativo y al proceso inflamatorio -considerado un factor muy importante en la patofisiología de enfermedades neurodegenerativas relacionadas con la edad, como el Alzheimer, la demencia vascular y la enfermedad de Parkinson-.
Los polifenoles -la punicalagina es uno presente en la granada- pueden proteger las neuronas contra el daño y las pérdidas inducidas por la neurotoxicidad, como el estrés oxidativo y la neuro inflamación. Además, el consumo de alimentos ricos en flavonoides -la granada contiene flavonoides como delfinidina, cianidina y pelargonidina- ha demostrado aumentar el flujo sanguíneo cerebral, lo que asegura un suministro constante de oxígeno y glucosa al cerebro, mejorando así la memoria y la cognición.
Estos mecanismos explican por qué los investigadores consideran que la punicalagina ayuda a prevenir o mitigar enfermedades crónicas asociadas a la inflamación, como la enfermedad cardiovascular, ciertos cánceres y la progresión del deterioro funcional relacionado con la edad.
Revisiones recientes que analizan la evidencia clínica concluyen que el consumo regular de granada, su zumo o la suplementación con extracto puede mejorar el perfil antioxidante y tener efectos positivos sobre factores de riesgo cardiovascular.
¿Por qué es relevante en invierno?
El otoño y principio del invierno, además, es la temporada de recolección y consumo de la granada en fresco, que puede sustituirse por zumo o extracto cuando ya no se encuentra en las fruterías o supermercados.
El 5 de diciembre celebramos el Día Mundial del Suelo, que nos recuerda la importancia de la tierra fértil que hace posibles frutos tan especiales como la granada. En España, su cultivo es un símbolo de arraigo y tradición, resultado del esfuerzo constante de agricultores que cuidan cada parcela como un tesoro. Gracias a su dedicación, la granada crece en un suelo rico y vivo por eso es justo rendir homenaje a quienes trabajan la tierra con mimo, manteniendo vivo un patrimonio fundamental en nuestra mesa y nuestra cultura.
La granada es también uno de esos frutos que asociamos a la Navidad. Su color rojo intenso evoca el calor del hogar en invierno. Para muchos, despierta recuerdos de la niñez: abrirla con cuidado, desgranarla en familia y saborear sus semillas dulces y crujientes. Es un gesto sencillo que conecta generaciones y que nos transporta a momentos de celebración familiar. Por eso, cada Navidad, la granada vuelve a tener un papel protagonista, recordándonos tradición, cercanía y el sabor auténtico de estas fechas.
Ref.1. https://doi.org/10.1038/sj.ijir.3901570