cáscara de granada
La contaminación por colorantes en aguas residuales es un problema ambiental de gran envergadura, especialmente en industrias textiles, papel y cuero. En este contexto, un estudio reciente realizado por investigadores de Marruecos y Jordania revela el potencial de la cáscara de granada (Punica granatum) como un adsorbente natural, económico y sostenible para eliminar el colorante Rhodamina B, un contaminante ampliamente utilizado y difícil de tratar.
El estudio
El equipo multidisciplinario estuvo conformado por científicos de instituciones como la Universidad Moulay Ismail en Marruecos y la Universidad privada de ciencias aplicadas de Jordania. El artículo fue publicado en Green Analytical Chemistry el 4 de enero de 2025, destacando un enfoque innovador para el tratamiento de aguas residuales.

¿Qué hace especial a la cáscara de granada?
- Eficiencia de adsorción: La cáscara, preparada mediante métodos simples (lavado, secado y trituración), alcanzó una capacidad máxima de adsorción de 44,28 mg/g en un pH neutro y condiciones controladas. Este comportamiento se explica por su estructura porosa y la presencia de grupos funcionales oxigenados como carbonilos y carboxilos.
- Sostenibilidad y bajo costo: Con un costo de preparación de $0,00338 por gramo, esta solución aprovecha un residuo agrícola abundante en Marruecos, donde se generan aproximadamente 29,000 toneladas de cáscaras de granada al año.
- Regeneración y reutilización: El material puede regenerarse usando ácido cítrico, logrando una eficiencia de desorción del 52,35 %. Esto lo convierte en un método sostenible y respetuoso con el medio ambiente.
Implicaciones ambientales y económicas
El uso de cáscara de granada no solo reduce los costos asociados con adsorbentes convencionales como el carbón activado, sino que también minimiza los desechos agrícolas. Además, el proceso de preparación consume poca energía y evita el uso de productos químicos nocivos, alineándose con los principios de la química verde.
Futuro sostenible
Este estudio es un ejemplo sobresaliente de cómo los residuos agrícolas pueden transformarse en soluciones prácticas y económicas para problemas ambientales. La investigación abre nuevas oportunidades para el desarrollo de tecnologías de tratamiento de agua accesibles y sostenibles, beneficiando tanto al medio ambiente como a las comunidades locales.
